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Así como la laca es apreciada más allá de las fronteras de Chiapas, ocurre algo similar con el ámbar. Chiapas es el único productor de ámbar en México y sus pueblos lo ofrecían como tributo en la época prehispánica.

Las manos del artesano hurgan las entrañas de la tierra en los alrededores de Simojovel, buscando el ámbar, la resina que data aproximadamente de hace 40 millones de años y que ha estado congelada durante todo ese tiempo. Luego lo trabajan y lo entregan en forma de corazón, en gota, en ave o árbol, o en la que la imaginación inventa.

En Chiapas es costumbre regalar un presente de ámbar cuando un amigo llega a nuestra casa; al obsequiarlo se convierte así en seguro amuleto de la buena suerte.